Menú

Problemas

Como cualquier dueño de gato y como expliqué en el apartado "Pasos previos", soy consciente de que cualquier problema de comportamiento que tenga mi gato es culpa mía. 

Para que podáis haceros una idea de cómo una mala decisión o el consentimiento de malos comportamientos cuando son crías puede afectar a su actitud al crecer, aquí os explicaré qué problemas tengo o he tenido con mi gato, qué soluciones he puesto en práctica y cuál ha sido su efectividad (si es que han sido efectivas).

¡Ay!

De nuevo en "Pasos previos", advertí de la importancia que tiene no permitir, desde el primer momento, que vea tus manos como juguetes.

Cuando era una cría, Gary mordía y arañaba, pero era tan pequeño que apenas lo notabas. ¡Hasta era divertido ver cómo intentaba atacar y no era capaz de conseguirlo!

Ahora que ya comienza a ser adulto, esos inofensivos y juguetones mordiscos no solo duelen, sino que llegan a causar heridas. Pero ya no hay solución: no importa cuánto lo aparte, cuánto le castigue y cuánto le ignore, la próxima vez que quiera jugar, volverá a morder y arañar.
Para mí ya es tarde; ¡sálvate!

Ataques por sorpresa

Siguiendo la misma línea, en algún punto comenzamos a jugar a "el salto del mono": consistía en que yo estiraba mi brazo y le instaba a venir con mi mano, y él se agazapaba y saltaba sobre mi antebrazo. Era gracioso verle hacer eso, porque si no le agarraba a tiempo acababa resbalándose.

Obviamente, para sujetarse me arañaba, y jugando me mordía. Eso acabó derivando, poco a poco, en ataques por sorpresa: tras una sesión de juego con él, cuando él no quiere que termine, mientras camino hacia otra habitación salta sobre mi pierna. A veces lo hace aunque no estemos jugando, queriendo que empiece a hacerle caso.

Desde luego, la gracia que tenía al principio, cuando era pequeño, ya se ha perdido. Como en el punto anterior, me dedico a echarle la bronca e ignorarle. Por suerte, a base de insistir y ser persistente, estos "ataques" han cesado. Todavía puede lanzarse sobre alguien (quiero reiterar que lo hace con ganas de jugar), pero al no recibir respuesta, cesa en su intento. Tampoco muerde o araña como llegó a hacer en algún punto.

Música en la cocina

Aunque ya hablé de esto en "Su personalidad", me gustaría volver sobre el tema.

Algo que me preocupa especialmente es el sobrepeso que tienden a desarrollar los gatos que, como Gary, están encerrados en una casa y no se ejercitan lo suficiente. Por ello, sigo las indicaciones de los paquetes de pienso en cuanto a cantidad recomendada, y procuro dividirlo en tres raciones al día (desayuno, comida y cena, coincidiendo con los horarios de casa), en parte para que no coma una única vez al día, en parte para que nos deje a los demás en paz cuando comemos.

A causa de esto, es posible que haya desarrollado algún tipo de ansiedad por la comida: cuando veía a alguien dirigirse a la cocina, lo perseguía y comenzaba a maullar, pidiendo comer.

Una situación que se volvió insoportable fue su insistente cántico mientras cocinaba. Suelo hacer la cena, y no me importa que el gato esté conmigo en la cocina (siempre que sea en el suelo o una silla). Sin embargo, al principio su compañía era insoportable: a cada paso que daba me seguía, sin parar de maullar; y si me quedaba de pie, se enredaba entre mis piernas.

La solución que adopté fue sencilla, eficaz y multiuso: cuando un gato reclama insistentemente tu atención en una situación que no puedes o debes dársela (como era el caso), lo único que tienes que hacer es ignorarle.

Desde el momento en que tomé la resolución de ignorar sus lloros y esquivarlo sin mirarle siquiera, apenas tardó dos días en sentarse en medio de la cocina, callado y tranquilo, observando lo que hacía. Podía acercarme a acariciarle un momento sin que se volviera a alterar. Incluso llegué a recompensarle con trocitos de comida si lo que cocinaba era de su gusto. Y no se alborotaba.