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Su personalidad

Han pasado ya unos cuantos meses desde que conocí a Gary, y ya me siento capaz de describir… mejor dicho, advertir sobre su personalidad.

Desconfiado y miedoso

Desde muy pequeñito, no le gustaba que gente desconocida se le acercase. Su adaptación a la casa fue difícil: al principio, apenas era capaz de moverse del salón; es más, ni siquiera se atrevía a investigar todo el salón. Encontró algunos huecos donde esconderse, como detrás de una planta o debajo del sillón, y era complicado conseguir sacarle de ahí.

En el apartado de “Primer contacto” podréis descubrir qué métodos empleé y cómo evolucionó esta situación donde Gary tuvo dificultades para adaptarse a su nuevo entorno.


Gary VS lima de uñas eléctrica y pedacito de cebolla

Alborotador

¡Toro, animal! Puedes estar tranquilamente sentado en el sillón y, de pronto, comenzar a escuchar cómo el gato empieza a quejarse, a correr y saltar como un loco y a estamparse contra todas las paredes. Sí, a estamparse, a caerse, a patinar, a tirarse… porque, encima de alborotador, es un gato TORPE. Algo que jamás creí que vería: un gato TORPE.


A veces salta sobre el respaldo del sillón, y resbala y se cae contra el suelo. Otras veces, empieza a correr como si su vida estuviera en peligro, y su freno es la puerta de un armario o una pared. De vez en cuando, intentando subirse a una silla o a un banco, no calcula bien: o se cae, o se golpea contra la mesa.

Es increíble cómo la energía que tiene es directamente proporcional a lo inútil que es. He jugado con él, usando juguetes de caña, haciéndole saltar y correr y poniendo a prueba sus habilidades, y ya no es tan pequeño como al principio, donde la situación sobrepasaba lo cómico hasta llegar a lo preocupante; y, aun así, apenas ha mejorado.
(De verdad que no sabía que un gato podía ser tan torpe.)

Poco afectivo

Ya desde pequeño, cuando le visitaba en el patio de mi abuela, se veía que iba a ser esquivo. Incluso siendo criado en casa, sigue siendo bastante esquivo. Es verdad que, para los gatos, todo tiene su momento; incluso las caricias se deben dar cuando ellos las quieran recibir, no cuando tú quieras hacerlo.

Gary lo lleva al extremo, hasta el punto de que, al tumbarme en el sofá, lo coloque sobre mí y él se vaya solo para volver un minuto más tarde.

Inteligente (aunque cabezón)

A pesar de todas las cosas negativas que he mencionado sobre Gary, me gustaría resaltar algo con lo que estoy muy satisfecha: aprende bastante bien y se deja educar. Lo argumentaré con varios ejemplos.

                En la cocina, mientras preparo la cena, solía ir constantemente de un lado para otro, pidiendo comida, metiéndose en el camino, siendo bastante irritante. Apliqué un poco de psicología felina: nunca hacer caso de un gato que pide atención cuando no debe recibirla. Me dediqué a ignorarle: no le miraba, no le hablaba, no le tocaba. Desde entonces, entra a la cocina conmigo, pero se sienta pacientemente y me observa cocinar. Incluso de vez en cuando le acaricio o juego con él, y él no se alborota: acepta la caricia o el juego, pero cuando ceso, vuelve a sentarse y a mirarme. Es algo muy sencillo, pero que me hace sentir muy orgullosa.

                Cuando empezó a saltar a los sitios un poco altos (como puede ser el sillón), descubrió un fácil acceso a la mesa del salón. En la casa no consentimos que el gato se suba a ninguna mesa: es el principal lugar vetado que tiene. Le echamos la bronca, le castigamos por ello y, aun así, siguió insistiendo una temporada.
Creo que llegó un punto en el que se dio cuenta de que, por mucho que insistiera, nosotros no íbamos a ceder. Ahora se sube al brazo del sillón, olfatea la mesa si hay algo nuevo o diferente cerca, mira con duda y, finalmente, salta al suelo.

Glotón

Admiro mucho a aquellas personas cuyos gatos tienen la comida todo el día en la lata, y solo comen cuando de verdad tienen hambre. Para mí, para Gary, eso es imposible.

Gary comenzó comiendo 4 veces al día: desayuno, comida, cena y un pequeño tentempié cuando nos íbamos a dormir para que se acostumbrase a ir a su habitación y nos diera un poco de espacio para poder irnos a la cama.

Ahora mismo, come 3 veces al día. Bueno... confieso que, a veces y cuando meriendo algo que a él le gusta, comparto un poco con él. Y, aun así, le parece poco.

Cuando un miembro de la casa se levanta el primero por la mañana, le da el desayuno. Si alguien se levanta media hora después, Gary le pedirá comida, aunque justo haya acabado de desayunar. Y si otro más se levanta otra media hora después, más de lo mismo.

Quizá pienses que, como come 3 veces al día, le damos una ración pequeña y está comiendo menos de lo que necesita (o debería). Pero no, le damos un poco más de la cantidad diaria recomendada que indican las bolsas de pienso. Y eso cuando no tiene la suerte de comer un buen trozo de pescado o de carne cocida.

Poco a poco intentamos trabajar este exasperante aspecto de su personalidad, ya que es algo que acaba irritándote. Sin embargo, por ahora no nos queda más remedio que aguantar sus incansables ganas de pedir.

Esto no significa que se pase el día pidiendo: simplemente, cuando ve que alguien va a la cocina, se acerca corriendo. Por si suena la flauta, seguramente.

Individual, pero...


Ya he mencionado que es bastante esquivo. Esto se traduce en que suele tumbarse en una silla en la cocina, o sobre una cama, o sobre su propia cama, siempre él solo. No suele venir al salón con todos, a no ser que de verdad parezca tener ganas.

Sin embargo, cuando pasa mucho tiempo él solo (por ejemplo, por las noches o cuando salimos un día entero de casa), echa mucho de menos la compañía. He llegado a la conclusión de que a él le gusta estar solo en compañía.